Desgracia familiar….

 A un costado del restaurante “El portón de Carmelita” se encuentran los escombros de lo que fue la residencia de la familia Morales. Pedazos de concretos, tuberías rotas y vigas de madera constituyen los resto de cuatro generaciones de trabajo. Frente a este escenario se encuentra Carmen, las maquinarias remueven desechos de los hogares que el sismo de 7.1 grados en la escala de Richter dejó en Jojutla, Morelos, mientras decenas de personas vienen y van.

 “Yo soy una de las propietarias de este edificio que cayó al piso, pero realmente somos dueños puros familiares. Todos fuimos afectados por este terremoto. Yo ahorita perdí mi fuente de trabajo, el negocio que está aquí (señalando a “El portal de Carmelita”) lo trabajamos mis hermanas y yo, es un restaurante de comida rápida y tenemos estas viviendas que las fuimos heredando, somos la cuarta generación que la heredamos, así que ahorita son mis primos, mis hermanos y sobrinos quienes son dueños también.” Comenta Carmen al ser cuestionada por el inmueble en ruinas.

Al otro lado de la calle se encuentra su familia. Las mujeres contemplan el desastre, mientras los hombres se unen a ayudar a sus vecinos, los que pueden, a rescatar las pocas pertenencias que no sufrieron daños severos tras el sismo. Carmen, con un semblante agotado, por la preocupación, nos cuenta:

 “Realmente es triste ver que en un cerrar de ojos ya no está nada. A nosotras se nos quedaron cacerolas llenas de comida en el edificio derrumbado, tantas cosas, pero le damos gloria al Señor que estamos con vida, en pie y con la mejor actitud de volver a empezar."

 En “El portal de Carmelita” se vendía pozole, tacos, tostadas, chilaquiles, entre otros antojitos y comida mexicana. Tras el sismo, el restaurante quedó dañado por dentro, dejándolo inservible, aún cuando en el exterior no lo parece tanto. 

 

Sólo tengo lo que traigo puesto…

 Carmen invita a sus familiares a acercarse a platicar con nosotros. Con genuino interés sus hermanos y primos se acerca. Nos cuentan que en estos momentos se alojan en los hogares de sus familiares fuera de Jojutla, porque han perdido sus viviendas. No obstante, señalan que la más afectada es Carmen, quien no sólo perdió su negocio, también su hogar.

Los hombres se muestran visiblemente enojados al ser cuestionados por la ayuda gubernamental. Señalan que ni Protección Civil se ha acercado para realizar la debida inspección de su propiedad. “Nosotros mismos pusimos estás cintas de seguridad para que nadie se acerque mucho, por si esto se cae”. Nadie ha ido a socorrerlos, señalan.

Un poco más optimista Carmen menciona que el día miércoles, 20 de septiembre, el Presidente de la República visitó Jojutla y pasó por la zona afectada, a ella y a sus vecinos les prometió una ayuda federal para la reconstrucción de sus viviendas. Sin embargo, no les digo cuándo. Sólo puntualizó, según comenta Carmen, que le darán prioridad a Oaxaca y Chiapas, mientras evalúan el total de daños en Morelia. El resto de su familia se muestran exceptivos.

 “Sólo tengo lo que traigo puesto” comentó uno de los hermanos de Carmen al ser cuestionados por sus pertenencias. El sismo, señalan, no les dio tiempo de nada, no pudieron salvar nada. Ahora, sólo esperan remover los escombros y ver si hay algo que puedan reutilizar. Muchos de ellos estaban fuera de Jojutla el 19 de septiembre, sólo Carmen sintió y vio derrumbarse los años de trabajo y esfuerzo. Tal vez, por eso, ella se esfuerza por concentrarse en la solución de su situación actual, ella, de todos en la familia, perdió más. No se queja, al contrario manda el siguiente mensaje:

 “Recurrimos a su ayuda para sobrevivir, nosotros trabajamos no por deporte, sino por necesidad. No sólo pedimos para la familia Morales, también para toda la gente que tiene tanta necesidad que depende de su negocio, de su trabajo.”

 La solidaridad se hace presente aún entre los damnificados. Carmen no sólo pide por ella y su familia, también por sus vecinos. Su hermana llora, al recordarnos, la muerte de un joven con discapacidad visual que no puedo salir a resguardarse, quedando atrapada entre las paredes y techo de lo que fue su casa. Sus hermanos callan, saben que deben ser fuerte para apoyar a sus hermanas.

 Nos despedimos de Carmen nos bendice y agradece que hayamos compartido un tiempo con ella y su familia, así como el interés en su caso. Nos alejamos, ella vuelve con su familia, quienes, al otro lado de la calle, miran su patrimonio destruido.

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